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Smart Building

Siglos atrás, se diferenciaron dos tipo de edificaciones: las monumentales y las civiles. Las primeras constataban de una arquitectura perenne, y se diseñaban y construían para la eternidad; las segundas, en cambio, eran provisionales o perecederas. No obstante, ambas tenían algo en común: se adecuaban al entorno y al clima, aprovechando los recursos de la zona.

En los últimos siglos, los edificios han evolucionado hacia la durabilidad, priorizando los materiales pétreos ante los renovables. De igual modo, se han soslayado los criterios bioclimáticos, dando lugar a sistemas activos para hacer frente a las diversas condiciones térmicas del lugar.

Sin embargo, esta evolución, sumada a problemas como el calentamiento global o la dependencia energética, se enfrenta a la necesidad urgente de plantearse nuevas alternativas.

Por tanto, es en este contexto donde emerge el concepto de Smart Building, adaptando el diseño, los materiales y los sistemas constructivos a la temporalidad, ubicación, clima y necesidades del edificio; y apoyándose en sistemas activos sólo cuando así se requiere.

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